Desde que era un chavalillo siempre me gustó pasar tiempo en la casa de mis abuelos, mucho más desde que mi abuelo falleció. Yo pasaba casi todos mis fines de semana en casa de mi abuela pues me gusta mucho su sazón y los platos de comida que ella preparaba, pero había algunas otras cosas que me gustaban de ella, a esa edad yo notaba que mi abuela era mucho más bonita que las demás abuelas de mis amigos y mientras iba creciendo  me daba cuenta perfectamente que mi abuela era una mujer, para su edad muy hermosa y de muy buen cuerpo. Todos esos años que pase criándome con ella hubo cierta confianza en cuanto a la desnudes, podía ver sus grandes tetas mientras se cambiaba por las mañas, ver esos  pezones grandes y maduros me ponían la polla tan dura que corría al baño a hacerme una paja. Mi abuela me descubrió una vez haciéndolo y desde entonces ella sintió como mujer madura que tenía que hacer algo por mí. Todo quedó en secreto. Pero aquella tarde mi abuela desempolvo todas sus artimañas y experiencias, yo no era más un niño y ella lo sabía perfectamente, quería ser follada por su nieto y yo no pensaba rechazarla, la muy pendeja me puso la polla tan dura cuando la vi meterse aquella botella de licor en su extendido coño, yo lamia mientras ella gemía y pedía que moviera más mi lengua. Luego de haber metido por mucho tiempo casi toda la botella en su coño por fin pude meter mi polla en ese coño mojado de tanto placer. Luego de sus sentadas, le di con todo en pose de perro, la someti mientras ella gritaba, no duré mucho tiempo pues estaba totalmente exitado, derramé toda mi leche en la profundidad de su coño maduro y cachondo.

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