Soy un hombre japones muy anciano, pero en buen estado físico, para mi edad aun puedo hacer ciertos movimientos pero no contaba con que aun me podía mover al compas del delicioso sexo con una jovencita mucho menos que esta se tratase de mi nieta. Esa noche su padres y yo estábamos libando licor cuando de repente ellos salvo mi nieta que estaba sumamente cachonda, nunca se me paso por la cabeza algo como follarmela mucho menos por mi estado pero de repente ella me indico cual era el camino que quería que yo siguiese. La bese como cuando yo era un joven y en ese momento la vitalidad regreso a mí, lamí las tetas de mi nieta como nunca lo hice y ella estaba mucho más que feliz, de repente sentí que mi polla se puso dura, llevaba años sin sentir eso y mi nieta aprovecho el momento y se sentó sobre mí y me empezó a follar. Dejé la leche dentro de su coño sentí que la vida se me fue en ese polvo pero fue el mejor que me haya podido regalar la vida.

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