Cuando la hija de mi esposa se mudo para vivir con nosotros, yo pensé que tendríamos muchos problemas pues era ya una adolescente y son así de problemáticas en esa edad, pero Camila era más que cariñosa conmigo. Yo no podía resistirme a su sensualidad y ya había dejado de mirar a mi mujer por mirar a Camila, la espiaba, esa era la palabra. Hasta que todo sucedió de la manera que se fue desarrollando. Camila ya no era un adolescente sino una mujer de 18 años y quería sexo y yo estaba dispuesto a complacerla. La cache durmiendo en el sofá e inmediatamente empezamos nuestro juego sexual. Aprovechando que su madre, mi esposa, no estaba en casa, ella se sometió a mis deseos. Tomo mi polla gruesa y se la metió en la boca, fue espectacular. Ella no era una santa pues sabía muy bien cómo hacer todo, desde comerme la polla hasta abrirse de piernas. Fue el mejor sexo que he tenido y esto incluye a su madre, mi mujer. Hasta la fecha trato de hallar la forma de acostarme con las dos pero es muy difícil.

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