Quería saber que tan cierto eran los comentarios que había escuchado sobre mi hijo y el tamaño de la polla que este se manejaba… también había oído como la hacía gritar a mi nuera cuando me había quedado una par de fines de semana en su casa de campo. Mi hijo había despertado ese interés sexual que hace mucho no motivaba a que mi coño maduro se moje de placer de solo pensar en una polla sin interesarme si esta pertenecía a un miembro de mi familia y mucho menos a mi hijo. Yo andaba con esa idea todos los días en la cabeza, no podía alejarme de esos pensamientos incestuosos relacionando a mi hijo los tamaños de su polla y mis deseos de tener a un hombre en mi interior. Fui a buscar a mi hijo a su campo y lo encontré justo donde quería, en el patio de la casa y predispuesto para lo que yo deseaba hacer, se notaba que su polla estaba semi erecta así que no sería muy difícil utilizar todos mis encantos de mujer para no ser rechazada sobre todo por ser su madre. Mi hijo notó la soledad sexual por la que estaba pasando y no se lo pensó dos veces. Físicamente no soy una mujer descuidada, me conservo muy bien algo que mi hijo había elogiado muchas veces, y por fin en ese momento estaba comprobando que tan cierto era todo al arremeter esa polla larga y gruesa en mi coñito maduro. Me tomó ahí mismo como le dio la gana, en todas las posiciones y yo supe recibir cada embestida ajustando lo más que pudiera con mi coño. Ahí mismo recibí toda la leche cremosa de mi hijo sobre mi cara y mis pechos.

Deja tu comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*