No era la primera vez que espiaba a mi hija y había agarrado la costumbre de pasarme el día entero los sábados en casa  esperando el momento propicio para poder entrar y espiar a mi linda hija totalmente húmeda y desnuda mientras ella se bañaba. Ya no aguantaba más, aquella tarde aprovechando que mi Hija había entrado al baño nuevamente ingrese a espiarla pero esta vez estaba dispuesto a todo. Sabía que mi hija no era una santa, tenía un tatuaje que lo decía todo y tenía una cara de zorrilla, mi necesidad sexual por tener a una mujer pesaba más que el escándalo que podía originarse por lo que iba a ocurrir. Entré al baño  y ella quedo totalmente sorprendida al verme la polla, sabía que si me veía  así quizás no pondría tanta resistencia. Me le abalancé como lo hace el león viejo con su última presa, solo tenía en claro que quería comerle ese coño juvenil y fresco muy diferente a la de su mama vieja y seca. La obligue prácticamente mientras le decía que contaría todo los secretos que sabía de ella, no le quedó más que, entre forcejeo,  dejarse frotar la polla en la cara y luego poder saborear esos pliegues vaginales de ese coño totalmente depilado. Con forcejeo o no logré hacerla mía, aun no sé si mi hija tiene un pasado muy tormentoso pero la amenaza surgió efecto y logre satisfacer mi enfermo placer que tenía por aquella hija que tiene un culito casi perfecto.

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