Era cuestión de tiempo para que mi insistencia hacia mi hija surgiera efecto. Me la había pasado casi por dos meses insinuándome a mi hija el afecto como pareja que yo sentía por ella, pero como era evidente, ella teníamás que un rechazo hacia mi actitud, lo cual me llevaba a una serie crisis emocional que me planteaba si seguir o no con mi plan. Mi hija no reaccionaba mal a mis actos, pero si yo seguía insistiendo era porque sentía que uno de esos días mi hija sedería. Y así paso cuando una noche llegué tomado a la casa y la encontré con su dulce apariencia sentada sobre el sillón, me le abalance encima y como siempre me le insinué pero esta vez ella accedió a mis propuestas y se dejó llevar. Lo hicimos ahí en el sillón de la casa. La verdad no tenía idea que mi hija era tan estrecha, durante toda la penetración ella gemía como una puta en celo, como una perra que le gusta ser follada y yo correspondía esos gemidos con más y más arremetidas hasta que por fin luego de habérmela follado como yo quería le lance toda mi leche sobre su estómago y luego me fui a comer ese coño juvenil mientras mi hija seguía lanzando gemido de placer al saber que su padre era quien le estaba haciendo correrse.

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