Había escuchado hablar por teléfono a mi madre con sus amigas, en esta conversación ella les contaba sobre el deseo sexual de que alguien le rompa el ojete y la atracción física que había empezado a sentir por mí. Cuando escuche esto, quedé totalmente sorprendido, no sabía cómo reaccionar ante estos sentimientos que mi madre estaba experimentando. Ella y yo nos hemos llevado muy bien y hasta hemos convivido en total paz desde que me fui a vivir con ella luego de la separación con mi mujer.  Se notaba en los ojos y la forma de hablarme decían que lo que mi madre quería era follar con su hijo y le ayudase con el deseo sexual reprimido que tenía. Mi madre es una mujer madura muy deseosa, de buenas tetas y culo aun. Los años han sabido conservar bien ese coño que solo queda para el deleite de su consolador porque yo solo quiero complacerla reventándole el culo dos veces por semana. Ahora cada vez que ella siente la necesidad siempre me lo comunica ya nos comportamos como pareja en la intimidad y en la cama, pero a los ojos de la sociedad somos hijo y madre y no hay necesidad que las demás personas sepan sobre los placeres que mi madre y yo ponemos en práctica.

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