Sabia lo mente abierta que era mi tía y sobre todo lo puta que yo me suponía que era por la mera como hablaba y por el entorno de amistades que la rodeaba todas unas mujeres irrespetuosas que se la pasaban hablando de borracheras y salidas. Ella se había quedado en nuestra casa y yo no dejaba de espiarla en todo lugar que fuese posible. Pero mi deseo por ella no solo era de mirar, tenía que ir mucho más allá sabía que el terreno estaba disponible así que no había problema y así lo hice, luego de una noche de copas ella llego pasada de alcohol, me fui para su recamara y luego de esperar ella se durmió. Miraba su culo y la lencería que tenía puesta y no me pude contener las ganas de hacerme una pajilla, ella despertó y en vez de recriminarme por lo sucedido me tomo la polla y gozamos mucho. Me la folle como debía ser, tenía que aprovechar esa oportunidad porque sería la última vez quizás y ella no dejaba de gritar, yo tenía que taparle la boca pero la mujer estaba hecha una fiera salvaje. Una madura que tampoco le interesaba estar follando con su sobrino solo quería sexo y del bueno.

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