Luego de regresar de la guerra tuve que rehacer mi vida junto a mis tres hermosas hijas, pues mi esposa en el transcurso de mi ausencia falleció. Pero las penas podían abrumarme pero para eso se encontraba mi menor hija la cual noto muy bien el dolor que sentía pero no estaba dispuesta a permitir que yo me siguiera sintiendo solo en la intimidad. Fue así como ella muy atrevida y picara decidió poco a poco seducirme al límite de dejarme ser su hombre, aquella primera experiencia no fue muy bien tomada por mí, pues era mi hija pero luego entendí que aquella ya no era una niña sino una mujer la cual deseaba tener una polla dentro de su coño y que mejor que la de su padre militar. Desde entonces ella y yo vivimos una acalorada vida sexual cuidándonos de los comentarios que los vecinos podrían hacernos.

 

 

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