Ningún hombre en la intimidad podría rechazar a mi tía, ella era una mujer rubia, madura, de buenas tetas, y un físico envidiable para cualquier mujer a su edad, incluso mejor que el de mi novia. Mi tía  y yo veníamos coqueteando de mucho tiempos atrás, pero las cosas no solo podían quedarse en coqueteos, aquella mujer con la que compartíamos nuestra casa estaba dispuesta a llevar mucho más allá nuestros deseos que nos teníamos. Una mujer madura sabe lo que quiere en la vida y mi tía no era la acción, muchos hombres desearían tener piernas abiertas a mi tía y yo tampoco podía negar querer disfrutar de ese placer. Ella logro su objetivo porque siempre estaba detrás de mí esperando el momento. La  primera vez que follamos me decía que ella se moría por tener mi polla dentro de mí. Como poder negarle eso a ella. Luego de una soberbia paja me dejo listo como ella quería con mi polla dura gruesa y erecta. Me la pasé follando esa mañana a mi tía  a mi placer y ella no dejaba de decir que quería mucho más. Me corrí como ninguna vez lo había hecho con mi novia y hasta el momento ella y yo mantenemos ese secreto que espero que nunca se sepa para poder alguna vez romperle el orto.

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